Competitividad

Desde que el hombre habita la tierra, se ha caracterizado por formar grupos de sus misma especie con el fin de poder vivir, ya que este no fue diseñado para vivir en la soledad, su naturaleza está destinada a vivir en sociedad. Es por ello que dentro de su grupo debe realizar un esfuerzo no solo para ganar pertenencia si no también para ser útil dentro del grupo, ya que de lo contrario sería expulsado. Es así como se forma un concepto llamado competencia.

El hombre, con sus genes de “animal”, pero con inteligencia, hace que la competencia pase de algo natural, a lo más sofisticado. Ya no sólo se busca un territorio, sexo, y comida, si no, innumerables cosas que satisfagan el orgullo, el deseo de poder sobre los demás, y todo lo que nos haga pensar que somos distintos, perfectos, y superiores.

Durante la historia, esa “competitividad” por poseer territorios, zonas de influencia económica, o simplemente sentir el poder en las venas de los individuos o del grupo, ha llevado a la humanidad a meter bajo tierra a sus semejantes, no cuando  les llegara la hora por su naturaleza, si no de una forma brusca y anticipada.

A lo largo de la historia, la competitividad ha jugado un papel muy importante ya que los hombres más fuertes son los que van sobreviviendo, es decir, su descendencia es la que prevalece, el hombre que deja de ser competitivo es olvidado de la historia de la humanidad. Es la denominada la “ley del más fuerte”.

Es decir, la competitividad es feroz, hay que competir desde que se viene al mundo, por tener un lugar en un hogar, en una escuela, para aprobar unas oposiciones, para buscar un puesto de trabajo, para conseguir un lugar donde vivir, por obtener una reconocimiento, por encontrar pareja, para que te operen, por que te den una plaza en una residencia, etc.

Es por ello que en todo momento el ser humano se ve sometido a una lucha interminable en la cuál su supervivencia está determinada por sus decisiones. Esta práctica que se ha llevado a acabo no solo en la vida personal, si no que también, en la vida empresarial.

Sin embargo los diferentes episodios históricos han producido diferentes variables y niveles de competitividad, ya que al surgir nuevas “necesidades” nacen nuevas formas de competir. Un ejemplo claro es el desarrollo económico de los mercados, ya que no siempre existió la misma intensidad de competencia.

La competitividad en el mundo económico moderno es “adorada” como solución para el buen funcionamiento de las empresas, caiga quien caiga. En la antigüedad esto no era así, ya que los mercados estaban muy cerrados y no había muchas opciones para poder elegir los unos de los otros. Y no siempre han existido los mismos productos, sin embargo en la actualidad ya se ve al ser humano como un servicio yo producto.

El trabajador es una pieza sustituible, si no se alcanzan las metas. Estas pueden ser buscadas mediante una lícita competencia,  o con artes sucias, el caso es ser los primeros y obtener beneficios al precio que sea.

Actualmente se maneja la filosofía de que lo que no sirve es remplazado inmediatamente, es por ello que la lectura nos invita a reflexionar acerca de la importancia de ser competitivos y de dar lo mejor de nosotros mismos, no solo a un nivel empresarial, si no que propone que la cultura de la competencia nace en casa, y es en casa en donde esta debe ser desarrollada para poder trasladarla a las diferentes organizaciones a las que pertenecemos, esto es, con el fin de crecer no nada más como personas, si no como una nación fuerte que puede hacerle frente a cualquier adversidad.

EFE9467466

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