Mexicanos por patria y provincia

Hoy, como todos los años, los mexicanos (los de a de veras y los de ocasión) festejaremos el Grito de Dolores. Se guisará el pozole y los pambazos; habrá sopes y gorditas al por mayor (si, las mismas que comemos todos los días en el puesto de Doña Pelos ¿o que no?); se beberá el tequila casi por obligación mientras la música folclórica (o regional mexicana como dicen los gringos) revienta las bocinas… o sea haremos lo de siempre, festejaremos como siempre, gritando a todo pulmón sintiendo que desde la punta de las cabellos hasta el último resquicio de los huesitos, ahí en el más recóndito lugar donde se esconde el tuetanito, somos Mexicanos a mucha honra. Luego al otro día despertaremos y seguiremos siendo los mismos. Y volveremos a esperar al otro año pa festejarle su cumple a la “Suave Patria” diría López Velarde.

Sin embargo mi querido compatriota (Ah! porque hoy también soy MUY mexicana como tú y como todos) hay quienes no tienen patria, quienes viven en el exilio, ya sea por obligación o porque la fuerza del destino los llevó lejos. Ah que dijeron chamacones, ahí viene otra a destacar su posición sobre los refugiados sirios que inundan a Europa. Pues no…y sí.

El tema de los refugiados sin dudas me conmueve, como a cualquier otra persona. Es horrible ver las imágenes de miles de personas en peregrinar escapando de la guerra. Pero es más horrible ver como mis queridos mexicanos y mexicanas se exaltan al ver la foto del pequeñito ahogado en la playa, el niño migrante sirio que no alcanzó a llegar … igual que los miles y miles de migrantes centroamericanos que vemos en los cruceros, los mismos que viajan hacinados encima de los vagones de la Bestia.

A ellos también las fuerzas ajenas a la suya los han obligado a desplazarse y las autoridades internacionales hacen absolutamente nada por salvaguardar sus derechos. En vez de eso tanto locales como extranjeros los tachan de ilegales y tratan de esconder las cifras, de muertes y desapariciones, como quien barre la mugre para echarla bajo la alfombra por vergüenza.

Aclaro que no estoy minimizando el conflicto europeo, simplemente veo que aquí tenemos bajo nuestras narices uno muy similar pero no hacemos algo mucho por resolverlo. ¿Cómo podemos celebrar el mes patrio cuando hay miles de decenas de migrantes irregulares que miramos de soslayo todos los días? ¿Qué pasaría si fueran nuestros paisanos? ¿Por qué insistimos en levantar los ojos sobre el conflicto internacional sin antes ver las carencias en derechos humanos que tenemos? Claro, si desde hace un año no encontramos a 43 es poco probable que le pongamos una solución a los demás que ni siquiera sabemos por dónde empezar a contar.

A veces me pasa por la mente que somos un país racista, luego volteo a mí alrededor y lo confirmo. Por ejemplo, hace algunos años una persona de cuyo nombre no puedo quiero acordarme decía, emocionadísimo, que iba la embajada española había publicado que si contabas con registros comprobables de ser descendiente en línea directa de españoles, podrías reclamar la nacionalidad española. Hazme el fregado favor.

Primero, ignoro si la embajada tal o cual en verdad tenía ese programa, ese no es el punto. La cosa aquí es que estamos taaaaan orgullosos de ser mexicanos (¡Viva, viva México!) que, hay personas que a las primeras de cambio quieren tener un distintivo extranjero a como sea. Y segundo, ese muchachito tiene lo de español lo que yo de venusina, es decir nada…ahhh pero como es güero pues igual y chicle y pega ¿no?

Tampoco es que estemos cerca de convertirnos en la versión región 4 del apartheid (ruego que no) pero estamos educados con un profundo y arraigado clasismo que se respira a diario. No es de hoy, es de siempre, ya lo decía Porfirio Díaz: “Todos somos del mismo barro, pero no es lo mismo bacín que jarro” Esa es nuestra máxima chamacones. Todos somos iguales, sí. Ah pero hay unos más iguales que otros. Entonces México lindo y querido ¿eres o no racista?

Que Viva México, eso que ni qué.

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