Vuelta de hoja! #18 Sauce ciego, mujer dormida

Un volumen extraordinario de veinticuatro cuentos que ofrecen, condensadas, las mejores cualidades del escritor japonés, y son una muestra inmejorable de su dominio de la ligereza y la gravedad. Basta un detalle nimio o un golpe de azar para que algunos de los protagonistas de estas historias queden sumidos en una misteriosa melancolía, como si adivinaran en un gesto imprevisto el lado oscuro, o tal vez mágico, que esconden los comportamientos cotidianos. Algunos, como el protagonista de El séptimo hombre, intenta superar muchos años después, la pérdida de su mejor amigo, ocurrida en la infancia; otros sienten el impulso de pasear por el zoológico los días en que sopla un fuerte viento. Preparar la comida puede ser una excusa perfecta para desentenderse de los problemas de los demás, como en El año de los espaguetis, pero a veces es la realidad la que se impone, como la madre que en Hanalai Bay acude a recoger el cadáver de su hijo surfista tras morir atacado por un tiburón. Maestro en la creación de atmósferas, Murakami introduce en estos relatos no sólo elementos fantásticos y oníricos, donde mezcla con calculada ambigüedad el sueño y la vigilia, sino que echa mano de referentes como el jazz, o permite que los cuervos hablen y los chimpancés sean criminales. Pero, sobre todo, crea personajes inolvidables, enfrentados al dolor, al amor, a la sexualidad, rendidos ante la belleza, o necesitados de afecto, que, en su vulnerabilidad, aparecen como nuestros semejantes, nuestros contemporáneos.
Sauce ciego, mujer dormida. Un cuento de tono melancólico y descriptivo. El narrador acompaña a su primo pequeño al hospital. Ha regresado de Tokio y su vida está en un punto de quietud e incertidumbre. Mientras espera a su primo, el narrador recuerda otra ocasión donde visitó a una amiga enferma. Melancolía, pérdida, vulnerabilidad y paso a la madurez en un pequeño y buen cuento. “En realidad, no tengo nada que hacer en ninguna parte. Pero el último lugar donde puedo estar es aquí”.
La chica del cumpleaños. El misterioso encuentro de una camarera con su jefe en el día de su veinte cumpleaños. La chica lleva la cena a la habitación de su jefe y tras una pequeña charla éste le dice que pida un deseo. Una reflexión sobre los deseos y si conseguirlos producen cambios en nosotros. “Una persona, llegue donde llegue, jamás puede dejar de ser ella misma”.
La tragedia de la mina de carbón de Nueva York. Un cuento con algunas imágenes sugerentes y oníricas. Un hombre visita los zoológicos en los días de tifones. Le gusta observar a los animales en mitad de una tormenta y su forma de enfrentarse a ella. Tiene un amigo al que deja un traje para funerales que nunca se ha puesto. El final es extraño, unos mineros atrapados en un derrumbe, te deja perplejo. Murakami destila irrealidad y muerte en este cuento.
Avión… o cómo hablaba él a solas como si recitara un poema.Cuento intimista. Dos amantes en una cocina. Ella le pregunta sobre su costumbre de hablar a solas. En mitad de la conversación, se entrecruzan algunos retazos de la vida en común de los amantes. Buen cuento.
El espejo. Una historia de fantasmas. El narrador recuerda uno de sus primeros trabajos de juventud como guarda nocturno de un colegio. Buena ambientación, tono lúgubre y misterioso aunque no aporta nada diferente ni original a las historias de fantasmas. Lo mejor, la idea de que no hay peores fantasmas que los que habitan dentro de nosotros.
El folclore de nuestra generación: prehistoria del estadio avanzado del capitalismo. Si los cuentos anteriores mostraban pequeños ejemplos del universo de Murakami, en éste podemos leer un fragmento que podría encajar en Tokio Blues o Al sur de la frontera, al oeste del sol. Una historia nostálgica y melancólica sobre un amor lejano y perdido ocurrido entre los años sesenta y setenta. Dos seres solitarios que se reconocen y se complementan. Él quiere dar un paso más en la relación a través del sexo. Ella prefiere guardar su virginidad para un futuro matrimonio con otro hombre. Un cuento delicado, vulnerable y cercano.“Lo que yo quería era fundirme en un solo cuerpo con ella, sin ninguna traba. Pertenecerle y que ella me perteneciera. Quería esa señal. Por supuesto, la deseaba sexualmente. Pero no se trataba sólo de eso. Estoy hablando de una comunión de cuerpos. Nunca, en toda mi vida, había experimentado la sensación de fundirme con alguien. Siempre había estado solo. Y siempre había estado, alerta, dentro de un marco. Quería liberarme. Y me daba la sensación de que, liberándome, podría descubrir mi propio yo, ese yo que hasta entonces solo había vislumbrado de una manera muy vaga. Me daba la sensación de que, uniéndome estrechamente a ella, lograría apartar de mí el marco que había regulado hasta entonces mi vida”.
El cuchillo de caza. Unas vacaciones tranquilas y anodinas. Un hombre se dedica a nadar y tumbarse en la playa y vivir el último verano antes de cumplir los treinta. Cada día coincide con dos norteamericanos, una madre y su hijo invalido, con los que se saluda y que se convierten en una presencia muda pero casi necesaria. La noche anterior a su marcha coincide con el hijo en una escena bañada por la onírica luz de la luna. Buenos diálogos. “- A veces tengo un sueño -dijo el joven de la silla de ruedas. El extraño eco de su voz hacía pensar que ésta procedía del fondo de un profundo agujero-. Dentro de mi cabeza hay un cuchillo clavado en diagonal en la mórbida carne de mis recuerdos. Está clavado muy hondo. Pero no me duele. Tampoco notos su peso. Sólo está ahí clavado. Yo lo contemplo desde otro lugar, como si fuera algo ajeno. Y deseo que alguien me extraiga el cuchillo. Pero nadie sabe que está ahí clavado. Pienso en sacármelo yo mismo, pero no alcanzo con las manos. Es muy extraño. He podido clavármelo, sin embargo, ahora, no puedo extraerlo. Mientras tanto, las cosas empiezan a borrarse paulatinamente. Yo mismo voy palideciendo, poco a poco, y desaparezco. Al final sólo queda el cuchillo. El cuchillo siempre permanece hasta el final. Como el blanco fósil de un animal prehistórico que ha quedado en la orilla del mar… Éste es mi sueño.”
Un día perfecto para los canguros. De nuevo un zoológico como decorado y una pareja que quiere ver un canguro recién nacido. Cuento de pocas páginas y sugerente.
Somorgujo. Hace un par de meses leí El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas. Éste cuento me llevó de nuevo a sus páginas. Un mundo subterráneo, túneles y una vuelta de tuerca final de cierta ironía. Es un cuento interesante, enigmático y bien escrito.
Los gatos antropófagos. Uno de los puntos álgidos de esta colección de relatos. Murakami incorporó Los gatos antropófagos a Sputnik, mi amor. En una veintena de páginas volvemos a la pareja de amantes que viven en una remota isla griega. La noche como un paraje de sueño y sombras y desapariciones… “Sé por experiencia que, en la vida, sólo en contadísimas ocasiones encontramos a alguien a quien podamos transmitir nuestro estado de ánimo con exactitud, alguien con quien podamos comunicarnos a la perfección. Es casi un milagro, o una suerte inesperada, hallar a esa persona. Seguro que muchos mueren sin haberla encontrado jamás. Y, probablemente, no tenga relación alguna con lo que se suele entender por amor. Yo diría que se trata, más bien, de un estado de entendimiento mutuo cercano a la empatía.”
La tía pobre. Una historia surrealista, extraña, sobre el oficio de escribir. Murakami toma todas esas palabras e imágenes que los escritores llevan dentro y las hace corpóreas en una tía pobre que el narrador carga en su espalda. Es un cuento atractivo, inesperado, que analiza el papel de creador.
Náusea, 1979. Un cuento atractivo. El protagonista pasa cuarenta días con náuseas y vómitos diarios. Después de cada vómito recibe una misteriosa llamada. Es una historia extraña y con magnetismo. “-Hace tiempo, en una ocasión me pasé vomitando unas seis semanas. Todos los días, sin saltarme ni uno. Y no es que hubiera bebido demasiado. Tampoco estaba enfermo. Vomitaba sin más, sin ninguna causa específica. Durante cuarenta días. ¡Cuarenta días eternos! No es para tomárselo a broma.”
El séptimo hombre. Un cuento precioso, triste, melancólico, donde un hombre relata el día donde una gran ola se llevó a su mejor amigo. Como terapia, el hombre recuerda su infancia, su amistad y la gran ola que se irguió en pleno tifón yen un monólogo donde poco a poco analiza cómo fue su vida desde ese día hasta que pudo, por fin, perdonarse. Gran cuento. “-A mí me parece que lo verdaderamente temible en esta vida no es el pánico en sí mismo -dijo el hombre unos instantes después-. El miedo existe. Eso es indudable. Se nos muestra bajo distintas formas y, a veces, domina nuestras vidas. Pero lo más temible de todo es dar la espalda a ese miedo y cerrar los ojos. Actuando de esta manera acabamos cediéndole a algo lo más valioso que hay en nuestro interior. En mi caso…, ese algo fue una ola.”
El año de los espaguetis. O como un hombre se pasa un año cocinando y comiendo espaguetis y distanciándose de las personas. Una curiosa forma de narrar el encierro y el aislamiento. “1971 fue el año de los espaguetis. En 1971 yo hacía espaguetis para vivir y vivía para hacer espaguetis. El vapor que se alzaba de la olla de aluminio era mi orgullo, la salsa de tomate que se cocía a fuego lento en la cazuela haciendo ¡chup!, ¡chup!, mi esperanza.”
Tony Takitani. Una historia de amor diferente con imágenes poderosas y melancólicas. Tony Takitani se enamora de una mujer compradora compulsiva de vestidos. Docenas de vestidos se amontonan en una habitación convertida en ropero. Cuando la mujer muere los vestidos se convertirán en una especie de sombras. Tony Takitani sirvió de base para la película de mismo nombre.
Conitos. Como explica Murakami en el prólogo: “revela en forma de fábula mis impresiones del mundo literario cuando me publicaron por primera vez”. Un cuento irónico sobre todo el entramado que rodea a la literatura. Inteligente.
El hombre de hielo. O el paisaje de un sueño. El amor entre una mujer y un hombre de hielo. Cuento surrealista y enfebrecido. “Cuando nos abrazábamos, yo pensaba en un bloque de hielo que debía de existir, silencioso y solo, en alguna parte. Me preguntaba si el hombre de hielo conocía el lugar donde se encontraba aquel bloque. Era una roca de hielo congelada, tan dura que costaba imaginar que pudiera existir algo más duro. Era el bloque de hielo más grande del mundo. Se encontraba en algún lugar remoto. El hombre de hielo traía a este mundo el recuerdo de aquel bloque de hielo. Al principio, cuando me abrazaba, me sentía invadida por el desconcierto. Sin embargo, pronto me acostumbré. Incluso empecé a amar encontrarme entre sus brazos. Él seguía sin decir una palabra sobre sí mismo. Tampoco sobre cómo se había convertido en un hombre de hielo. Yo no le preguntaba nada. Nos abrazábamos en la oscuridad y compartíamos en silencio aquel bloque gigantesco. Dentro de ese hielo estaba encerrado con pulcritud todo el pasado del mundo a lo largo de cientos de millones de años.”
Cangrejo. Tiene cierta semejanza con Náusea, 1979. Una pareja de vacaciones, un restaurante que sirve cangrejos de las formas más variadas e insospechadas, un vómito…
La luciérnaga. Éste es el cuento más complicado de comentar y de sentir. Es regresar al narrador nostálgico de Tokio Blues y su relación con la joven Naoko. Ahí está la residencia estudiantil, el aliento de muerte que rodea a los protagonistas, sus encuentros y paseos, la extraña intimidad que les une. Es como la punta de un iceberg, el inicio de la extraordinaria Tokio Blues. Fue extraño volver a encontrarse un pedazo de esa novela entre esta colección de cuentos, una especie de nudo en el estómago. Por un instante se cruzaron las emociones vividas años atrás gracias a Tokio Blues con el punto de partida que es La Luciérnaga (un camino a la inversa. Como volver a ver a un amor que tuvo su momento y su espacio en el pasado). “Los sábados por la noche me sentaba en el vestíbulo al lado del teléfono, esperando la llamada de Naoko. A veces estaba tres semanas sin llamar, a veces llamaba dos semanas seguidas. Por eso, los sábados por la noche yo esperaba su llamada sentado en una silla. Como los sábados por la noche casi todos salían a divertirse, el vestíbulo estaba generalmente tranquilo. Contemplando las motas de luz que brillaban suspendidas en el aire silencioso, me esforzaba siempre en analizar mis sentimientos. Todo el mundo buscaba algo de alguien. Eso era cierto. Pero lo que vendría a continuación, yo no lo sabía. Al alargar la mano, lo único que encontraba, un poco más allá, era una vaga pared de aire.”Los últimos cinco relatos de la colección pertenecen a Cuentos extraños de Tokio y ayudan a terminar el libro de forma portentosa. Salvo El mono de Shinagawa, que apenas me dijo nada, los otros cuatro relatos son cruces entre la realidad y lo inesperado, la casualidad y el misterio.

Viajero por azar. Historia sobre las casualidades y cómo un encuentro inesperado ayuda a que dos hermanos hagan las paces tras años sin hablarse. Se inicia con el propio Murakami hablando de un par de casualidades vividas y pasa a relatar la historia de un hombre que se aleja de su familia y que gracias a una desconocida vuelve a tomar contacto con su hermana. Emotivo cuento. “En muy poco tiempo, mi vida sufrió un cambio radical. Debía agarrarme a algo, fuera como fuese, para no precipitarme al vacío. Tenía mucho miedo, estaba aterrado. Y, en un momento así, no puedes ir dando explicaciones a los demás. Sientes que te vas a resbalar de un momento a otro y a caer fuera del mundo. Por eso sólo quería que me comprendieras. Que me abrazaras con fuerza. Sin razones o explicaciones de por medio. Pero nadie…”
Hanalei Bay. Otro extraordinario relato. Sachi pierde a su hijo surfista tras el ataque de un tiburón. Cada año viaja hasta la isla hawaiana del accidente. Allí convivirá con las sombras y el fantasma de un surfista cojo, con los recuerdos de su hijo y con su propia maternidad. Gran cuento.
En cualquier lugar donde parezca que esto pueda hallarse. Un cuento sobre una desaparición misteriosa. Un hombre se dedica a investigar la desaparición de un hombre entre los pisos 24 y 26 de un rascacielos. Con fobia a los ascensores, el hombre se evaporó sin dejar rastro. El investigador pasará días en las amplias escaleras entre esos dos pisos. En cierta forma, me recordó a Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.
La piedra con forma de riñón que se desplaza días tras día. Un título y un relato sugerentes. El protagonista es un novelista angustiado con la idea de encontrar a las tres mujeres que significarán algo verdaderamente importante en su vida. Cuento magnífico, sobro todo en la descripción de los encuentros sensuales y misteriosos entre los amantes. “-Un hombre, a lo largo de su vida, sólo conoce a tres mujeres que signifiquen verdaderamente algo para él. Ni una más, ni una menos -dijo su padre. Mejor dicho. Lo afirmó. Pronunció estas palabras con tono monótono, pero tajante. Como si hubiera dicho que la tierra tarda un año en dar una vuelta completa alrededor del sol. Junpei lo escuchó en silencio. Estaba tan sorprendido ante esa repentina afirmación que, en aquel instante, no se le ocurrió qué manifestar al respecto. -O sea, que si tú, en el futuro, cuando conozcas o salgas con mujeres -prosiguió su padre-, te equivocas de pareja, no harás más que perder el tiempo. Ten esto bien presente.”
El mono de Shinagawa. El libro termina con un cuento extraño y surrealista, una mujer que ha olvidado su nombre y que para recordarlo lo graba en una pulsera. Si el inició consiguió atraparme, la solución me parece floja y precipitada. Aún así, tiene un buen arranque.

Sauce ciego, mujer dormida es un nuevo encuentro con el mundo de Murakami, un mundo poblado por seres nostálgicos que deambulan por paisajes a veces oníricos, a veces dolorosamente reales, donde la banda sonora es el jazz, la música clásica y la lluvia. Historias de amor sensuales, misteriosas y seductoras… Un buen libro aunque no es mi favorito de haruki Murakami.

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