¡Súbale, súbale, Jersey Boys!

En mi nueva y emancipada vida (ya les contaba en la entrada pasada que dejé de ser parte de la estadística Nini) me toca viajar en autobús más de lo que estuve acostumbrada… y no, no me volví cacharpo de microbús, sencillamente es que voy y vengo de mi amada Chilangoland en camión.

El punto es que durante los trayectos los amabilísimos choferes del transporte proyectan una selección de películas van desde la raro hasta lo insufrible. Me he chutado los Juegos del Hambre más de una vez (en español, en tonos verdes-azulosos y con sonido malísimo), también gustan de poner películas cristiano/religiosas como “El Cielo es real” que te hacen querer bajarte del bus e irte caminando. Solo los audífonos y tú música te salva de querer aventarte por la ventana, eso y una siestecita sabrosona que interrumpe el operador al darte golpecitos en el hombro y gritar su clásica: “Hasta aquí llegamos señorita”… me han contado, ejem!

Acostumbrada ya a estas chuladas de pelis, imaginen mi éxtasis cuando en las pantallas apareció un atmósfera retro y de pronto el no tan viciado sonido comenzó a reproducir canciones de los Four Seasons. Madre del amor hermoso, yo quería llorar. En serio, sin exagerar.

Resulta que como se podrá notar (les remito a mi pen name: Barbara Sinatra), la música los 40, 50 y 60 es mi debilidad o mejor dicho mi zona de confort, probablemente mis padre tiene la culpa porque siempre de los siempres se ha escuchado música (buena) en casa. En fin, soy de esas come años con alma vieja que adora la música de antes, la de los padres y abuelos. A Sinatra y por supuesto a los Four Seasons.

Por eso, cuando vi que en el camión estaban pasando Jersey Boys, pegué un brinco en el asiento, botando los audífonos a un lado y feliz de oír las canciones que, a los 6 o 7 años, tenía grabadas en un casette, que a su vez era copia de un disco de vinil con los éxitos de Frankie Valli, entre muchos otros artistas de la época (Mi ultra favorita canción era The Lion sleeps tonight de los Token, más esa, es oooootra historia). Era mi posesión más preciada y lo ponía una y otra y otra vez, repitiendo Sherry (y tratando de imitar el falsete de Frankie!), qué tiempos aquellos carambas!

La película es, en verdad, una maravilla. Está dirigida por Clint Eastwood y está adaptada de la obra del mismo nombre que se presenta en Broadway. Te cuenta toda la historia del grupo como si fuera un documental vista desde las diferentes perspectivas de los cuatro miembros originales. La historia está lejos de ser el típico musical insufrible que te atiborra de canciones sosas o forzadas, tampoco te vas a encontrar con números de baile a la menor provocación porque el argumento usa la música como hilo conductor no al revés, claro que conserva cierto aire de Broadway. Sin embargo cualquier melómano acordará que es casi imposible no ponerte a bailar o tararear el soundtrack, que está, atinadamente escogido porque los Four Seasons fueron y son una de las bandas gringas más exitosas (y mejor vendidas) de todos los tiempos por su sonido único para la época. Sin este grupo la música pop no sería la misma, chamacones.

¿A qué se antoja echar un bailecillo? Pues dale, está empíricamente comprobado que los Four Seasons curan el stress, eliminan la tensión, te hacen sentir más joven, no son nocivos con la capa de ozono y son aptos para todas las edades. Mejor que cualquier producto milagro que se anuncia en la TV.

Ah pero si aún no le agarran el gusto criaturas, entonces que tal el tema emblemático de Frankie, se han hecho muchas, muchas versiones, algunas muy buenas, pero ninguna como la original y justamente eso lo captura la peli.

De bonus: este es el enlace a la playlist de Spotify con el soundtrack https://play.spotify.com/user/lrj310/playlist/2bzXwxSHS8jPJH5E1WXEWT

Ah sí… de nada 🙂

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