Hasta en la sopa

A riesgo de sonar como conocido personaje de la política de extracción tabasqueña, siento que el mundo tiene un compló contra mi memoria. O mejor dicho contra mi olvido.

Como si de una conspiración cósmica se tratase, desde hace unos días hay un nombre que se aparece por todos lados: en las pintas de las bardas de mi nuevo vecindario, en las primeras planas de los diarios deportivos que leo tempranito por las mañanas, en los nombres del ilustre personal que integra el presidium de los eventos a los me envian por trabajo, en tv, en gente desconocida y…hasta en la sopa de letras que me sirven en la fondita local donde a veces como y entonces en vez de que tu nombre me sepa a hierba, me sabe a sopa sin sal pero con haaaaarto jitomate y cilantro.

Francamente no sé si son señales o es el cochino karma que se manifiesta. O peor aún y soy yo la necia que quiere seguir persiguiendo fantasmas.

Mi ansiedad por querer encontrar respuestas y exigirle cuentas al universo por su conspiración, me hizo desesperar, pasar noches de insomnio, arañar las paredes, morderme las uñas, arrancarme los cabellos, berrear lastimeramente preguntando el porqué justo ahora (inserte aquí lagrimita de Remi). Solo me faltó hacer un plantón en Av Reforma de Chilangoland, sin embargo como me he mudado recientemente pues no se pudo.

Ok, una vez que dejé de emular a Andrés Manuel, recuperé la calma. Pensé que la vida, el cosmos, el mundo, las vibraciones psíquicas o lo que sea ni están en mi contra ni me quieren hacer la mal obra, ni mucho menos tiene un complot.  Del karma no habló, ese sí existe. Sólo que el muy recanijo se las cobra haciendo que Pumas pierda el invicto en casa del Cruz Azul y no dejándome un nombre (insipido) en la sopa (aún más insípida).

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El fenómeno repetitivo que hace que vea, por todos lados, aquella palabra de seis letras que tantos desvelos (buenos y malos) me causaron se llama… no pos no sé. Y francamente ni quiero saber porque darle nombre a algo es reafirmar su existencia, dignificarlo, hacerlo importante y el chiste no es ese. Además ni que el asunto fueran tan prominente ‘pa que el cosmos detenga su agenda y me ponga en tope de prioridades para fregarme la existencia. Ni yo soy el ombligo del mundo ni son señales las que veo.

Si el universo quiere ponerme en la carota nombres que pertenecen al pasado, orale va. Después de todo el dueño del nombre se quedó allí, en el pasado, en lo que un día fue, no será, es más que se vaya a volar a  otros cielos y que deje abierta su jaula (José José dixit), que tenga luz, paz y bendiciones, que allá donde se encuentra el azufre no le pique los ojos, el fuego del purgatorio no le chamusque (tanto) la rabadilla, ni  se le atoren piedras, secas y pesadas en el cogote y que una nube de su memoria me borre a mi.  Ahh no, no… Que tenga luz, si mucha luz, si.

La raíz de todo no está en el destino sino en mi muy mala memoria que se olvida de todo, de fechas de cumpleaños, horas de citas, colores favoritos pero sobre todo se le olvida que ya te olvidó.

Por aquello de las recochinas karmas moscas he dejado de comer sopa de letras.

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