Viaje de autodescubrimiento

Había escuchado muchas veces esa frase, tanto, que en algún momento me pareció un cliché más, algo trillado. Y cada vez que la escuchaba: si no te amas a ti mismo, no puedes esperar que nadie más te amé; yo estaba segura, al igual que muchas otras personas, que si me amaba a mí misma. Realmente estaba convencida de eso.

Y, al igual que muchos, cuando alguien hacía comentarios positivos acerca de mí o de lo que hacía, yo me sentía estupenda. Pero cuando eran críticas o comentarios negativos, yo me derrumbaba. Por lo tanto, la confianza en mí que pudiera sentir siempre dependía de la opinión de alguien externo. Venia de alguien más y no de mi interior.

Esta situación me llevo a intentar siempre complacer a los demás, a intentar dales lo que esperaban de mí, que estuvieran felices a mi lado y me necesitaran. Sacrificando una y otra vez lo que yo en realidad quería. Vivía en un constante estrés, fijándome en cada detalle de lo que hacía, cuidando cada palabra que decía, ocultando cada parte de mi personalidad que pudiera molestar a otros. Eso, créanme, era lo que hacía cada día de mi vida.

Hasta que empecé a cansarme, a sentir una enorme frustración; porque sin importar lo mucho que me esforzara, siempre hacia algo que estaba mal a juicio de otros, siempre había cosas de mi que molestaban o simplemente que no gustaban a quienes yo tanto quería agradar.

La frustración fue creciendo cada día un poco más, y sin darme cuenta se convirtió en una enorme bola de nieve fuera de control.

Unknown

Por esos días encontré por ahí “sin querer”, un artículo que describía tan fielmente lo que me pasaba, que creí que lo habían escrito después de espiarme. Ahí empezó mi transformación. El inicio del camino.

Así fue como empezó el viaje, la más difícil, divertida y satisfactoria aventura que he vivido: el saber quién soy.

No les voy a mentir, no ha sido fácil, ha habido partes del proceso en las que lo único que quería era salir huyendo, negar todas esas partes oscuras de mí que me negaba a aceptar y seguir cómodamente en la misma zona conocida de siempre. Pero una vez que empiezas ya no puedes volver a ser la misma persona de antes, el cambio es irrevocable.

Claro que también han existido satisfacciones, muchas diría yo, detrás de todo este nuevo conocimiento interior. Aprender a amarme y aceptarme como soy es la mejor decisión que he podido tomar en mi vida. El cambio da miedo y mucho, pero una vez que lo aceptas, el proceso se vuelve más simple. Puedo asegurarles que la vida se convierte en algo muy bello.

El proceso tampoco es de un día para otro, toma su tiempo y hay que tener paciencia. Los cambios son muy sutiles al principio y curiosamente los primeros en notarlo son aquellas personas que están a nuestro alrededor. Uno no los nota. No al principio. Empiezan a notarse cuando nos damos cuenta que tenemos derecho a decir que no y lo ejercemos con singular alegría, cuando las criticas ya no nos lastiman, cuando a pesar de esas críticas, sabemos que somos valiosos.

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