Velta de hoja #21 Al sur de la Frontera, al oeste del Sol

El estilo tajante y envolvente del japonés Haruki Murakami (1949- ) me cambió la vida. Y muchos de los que han leído alguna obra suya reconocen haber sufrido una influencia considerable tras la lectura. Me ocurrió con Tokio Blues, un auténtico y merecido fenómeno de ventas. Ahora Tusquets ha aprovechado el éxito del conjunto de la obra de Murakami para lanzar en bolsillo esta novela menor, titulada Al sur de la Frontera, al oeste del Sol. Un título rimbombante que, como ocurre con Tokio Blues, viene del título de una canción. En aquel caso, Norwegian Wood, de los Beatles (aquí traducido como Tokio Blues, en España somos así), y en el de la novela que nos ocupa, una de Nat King Cole.

Las analogías entre ambas novelas son numerosísimas. Diríase que Al Sur de la Frontera… es una especie de revisitación de las ideas de su título más conseguido. Ambas incluyen un canto melancólico y hermoso sobre la nostalgia, ambas contienen mujeres inestables como ejes de la narración, y un protagonista masculino reflexivo y calmado con el que es fácil empatizar.

Pero Al Sur de la Frontera sale perdiendo en las comparaciones en casi todos los aspectos. Allá donde Tokio Blues resultaba original y fresco, esta novela da la eterna sensación de propuesta fallida. Lo bueno que tiene Al Sur de la Frontera ya lo tenía Tokio Blues de forma más redonda y lograda. A Murakami no le importa que las palabras usadas sean especialmente expresivas; se limita a construir conjuntos de palabras y ambientes circunstanciales con un sustenso en el plano emocional, como para empujar al lector a implicarse y analizar sus sensaciones.

El protagonista, Hajime, se hace amigo de Shimamoto, una compañera de clase que cojea un poco en una pierna y siempre está enferma. Al cambiarse de colegio, se separan. Hajime va a la universidad, empieza a trabajar, se casa felizmente, tiene dos hijas, monta un exitoso club de jazz, y se reencuentra con Shimamoto. Su antigua amiga, con su belleza y su evocación de la infancia y adolescencia, pone en peligro su perfecta estructura vital. Esta premisa, no demasiado sugerente pero suficientemente atractiva, es explotada con solvencia por Murakami, pero cayendo demasiado en la reiteración de esa supuesta felicidad cotidiana de Hajime que posiblemente Shimamoto ha puesto al borde de la desintegración.

El estilo tan visual y contemplativo (con frases cortas y sencillas), la manera limpia y exquisita de enganchar al lector, la crudeza y honestidad de los personajes, el matiz tan personalísimo que da Murakami a temas universales, la ausencia de florituras estéticas, el ambiente próximo a lo onírico… son algunas de las características que impregnan a toda la obra del autor, y que por supuesto están incluidas en Al Sur de la Frontera en su mejor versión. Pero la falta de ritmo es el principal déficit de esta novela. Con unas primeras 50 páginas verdaderamente magistrales, el nudo disminuye su intensidad hasta llegar a un final inconcluso y satisfactorio (extrañísimo happy ending). El último tercio de la novela es verdaderamente decepcionante, con una escena de sexo muy predecible e innecesariamente explícita (se veía venir desde casi 100 páginas antes).

Con todo, Al Sur de la Frontera, al oeste del Sol es una novela estimable, dotada de hermosura y con una riqueza temática notable, si bien Tokio Blues es, a todas luces, mucho más recomendable para empezar y estudiar el alucinante universo de Haruki Murakami, un excelente narrador merecidamente aplaudido.

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