Forevereando en carretera 2

Ya hace algún tiempo hice un forevereo en carretera, y la verdad es que en cada viaje sucede algo digno de contar. Esto fue lo que pasó en mi más reciente viaje por carretera.

Esta vez no tuve problemas con la revisión de mi mochila, por lo que el abordaje fue de lo más rápido. La odisea comenzó cuando llegue a mi asiento y encontré en el asiento a mi lado a un tipo en calidad trapo. Y es que de verdad hay momentos en que no se puede estar más borracho! Bueno, este tipo superaba toda expectativa. Volteé al frente…

En la fila de enfrente estaba un tipo con unas constitución física gruesa y como con 3 metros de estatura, por lo que cualquier lugar del mundo le habría quedado pequeño. Volteé al lado derecho…

En la fila del lado derecho sólo iban dos chicos de entre 16 y 18 años de edad, muy entretenidos jugando con sus teléfonos de última generación y criticando a sus compañeros de escuela diciendo “güey, güey, güey”, nada de que preocuparse. Tome aire y me senté en mi lugar.

El chofer cerró la puerta de la cabina y arrancó el camión. Al escuchar el rugir del motor, mi etílico acompañante despertó asustado y casi de un salto llegó al pasillo. Extrañado, volteó para encontrar su lugar de nuevo, pero su estado le impidió saber en donde estaba antes de asustarse. Encontró un lugar en la fila de enfrente del otro lado del pasillo y ahí se acostó. No volvió a moverse en todo el camino.

El tipo enorme de la fila de enfrente, al ver que el hombre-trapo cambio de lugar, reclinó su asiento hasta el fondo. Casi tenia la cabeza del tipo a mi lado! Tampoco volvió a moverse.

Decidí recostarme y dormir. Poco después de 4 horas desperté, enderecé mi asiento. A mi izquierda la cabeza del gigante, a la derecha de el el trapo humano completamente dormido. Todo en orden, pensé.

La luz de la ultima caseta me hizo voltear a mi derecha, y que sorpresa más curiosa! Los dos chicos en la fila de la derecha, los mismos que criticaban a sus compañeros, los que platicaban acerca de cual chica era la más guapa… estaban abrazados, entrepiernados y dándose unos besos dignos del mejor actor porno! No cabe duda que la carretera y el frió provocan acercamientos en los adoloscenses 😛

Cuando por fin despertaron se llevaron el susto de su vida al darse cuenta de lo que habían estado haciendo. Alcance a escuchar una voz abrumadoramente apenada: “No le digas a nadie güey”.

Y así llegué a mi destino, con un gigante a la izquierda, un hombre-trapo y un par de jovenes en pleno descubrimiento de sus preferencias.

Buen viaje!

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