Hola, tengo 30 años, vivo con mis padres y vivo genial.

El formar parte de la generación Millennial no es fácil. Semana a semana mencionó este término para referirme a mi generación: aquellos que nacimos entre 1981 y 1992 -algunos autores amplían el rango hasta el año 2000- y que hoy en día somos los adultos jóvenes que acaparan las tendencias de consumo.

NEOCN_4367fvfbxt5noUna de las particularidades de los millennials es que tienen -ejem… tenemos- poco sentido del compromiso o lealtad… tranquilos muchachones y no me salten encima ofendidos por que es cierto. Las lealtades son algo bien difícil de conseguir entre los jovenzuelos millennials, por ejemplo un estudio en Estado Unidos reveló que el 50% de los jóvenes no se siente identificado con alguna corriente política. Y poco más del 30% no se considera creyente de religión alguna. La cosa en México y América Latina no es muy diferente. Llámenlo hartazgo, desidia, pensamiento más crítico o como quieras lo cierto es que los jóvenes adultos simplemente no le son fieles ni a las marcas comerciales. ¿Cuántos de nosotros no hemos cambiado los Vans por los Converse, Microsoft por Apple o Coca Cola por Pepsi, simplemente por probar o porque las tendencias de moda, estilo nos llevaban lejos de la marcas de consumo usual? Piensale bien.

Ah pero la cosa cambia cuando de establecerse se trata. Vamos a hacer un repaso rapidito de la dinámica familiar y social de los treintañeros de hoy ¿sale? Imagina a un jovenzuelo con las siguientes con: Ingresos decentes, tal vez no un super pudiente pero si por encima del mínimo, buen estilo de vida, con auto propio y/o vacaciones regulares -a destinos nacionales o no- grado universitario y con planes de posgrado, un adulto libre y responsable como cualquiera pero que vive con sus padres… Tatachan! ¿Les suena?

A mi si, hasta hace relativamente poquísimo (casi nada) era parte de la estadística que nos dice que solo 5 de cada 10 jóvenes ha pensado en salir del hogar paterno para que luego 3 de cada 10 termine regresando despues de probar vivir “solo”. ¡Santo patrono de los Nini ayúdanos!

El caso es que, vivir por tu cuenta no es algo que le quite el sueño a mi generación, por el contrario, vivir bajo la protección de tus padres te mantiene a raya de cosas tan terribles como pagar renta y servicios, buscar como o quien te lave tu ropita, hacerte de tus alimentos, etc, etc, etc. No por nada, ahora, nos llaman también la generación boomerang, aquella que vuelve aunque lo avientes bieeen lejos (Santo patrono de los Ninis apiadate de mi). Atrás quedaron los años donde lo que más querías en tu vida era salir de casa, ver el mundo para luego establecerse como diría la canción “solo con tu soledad”, esa idea tan arraigada entre los jóvenes de décadas pasadas se fue diluyendo con el tiempo. Lo chistoso es que esos mismos muchachitos tan ansiosos de libertad son ahora nuestros concentidores padres que no se cansan de extender el ala protectora para que sus pollitos se cobijen. O sea están viendo que el chamaco es flojo y hasta la cama le tienden… caramba con ustedes (inserte aquí risa burlona)

Las mieles de vivir fuera de la casa de tus padres es algo que a muchos no se les antoja. Y la cosa se pone un poquito más crítica cuando no solo no te has mudado de la casa de familiar, sino que aumentas el círculo familiar con tu pareja e hijos, todos bajo el mismo techo de la casa que te vio crecer.

La decisión de irte o quedarme es absolutamente personal y que quede bien clarito que no señalo a nadie de manera mala onda porque cada quien sabrá cómo maneja sus vida, sus tiempos sin embargo no podemos negar que mis queridos contemporáneos y yo vivimos como Peter Pan -atascados en la eterna adolescencia- con una alarmante tendencia a postergar las decisiones importantes que tienen que ver el futuro, la planeación y volvemos al punto principal: el compromiso.

¿Saben cuanto destinamos los adultos de 25 a 35 años al ahorro? Menos del 5%, lo cual es casi nada porque más del 30% del ingreso los asignamos al entretenimiento y deudas. Nos gusta el fast living. Lo que nos queda es tratar de mantener una vida sana, tanto financiera como psicológicamente hablando, para que cuando nos toque el tiempo de volar no nos estrellemos contra el piso. ¡Ánimo compañero, millennial tenemos esperanza!

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