10 cosas que te pasan cuando vives solo (pero que pocos te dicen)

  1. Los contactos de tu celular  se empiezan a llenar de números de comida a domicilio. Incluso te haces amigo de los repartidores y/o personal que atiende. Esto incluye al taquero local.
  2. Visitas por primera vez el pasillo de limpieza en el super y te das cuenta de que viviste toda tu existencia sin saber que existen media docena de limpiadores para wc. Obviamente no tienes ni idea de cual comprar la primera vez (ni la segunda).
  3. El six de cervezas se convierte en el primer habitante de tu refrigerador (y también el más regular).
  4. Entiendes la importancia de “saber clavar un clavo” cuando se te cae en la cabezota el cortinero que intentaste poner en la ventana (por fin) tras meses de andar enseñando tus carnes a los vecinos.
  5. Son los vecinos quienes tapan sus ventanas porque tu sigues sin cubrir las tuyas (y sigues de exhibicionista en cueros).
  6. Compruebas que barrer, trapear, lavar los trastes o cualquier otra actividad de limpieza se realiza mucho mejor con música, y aunque le hagas al rockerillo, de pronto te encuentras cantando los éxitos de Leo Dan, Sandro, José José, Rocío Durcal y similares porque te sabes sus canciones (y bien que te gustan).
  7. Aquel primer sillón que compras se vuelve como tu primer amor: te parece perfecto y juras que jamás le dirás adiós, aunque al paso del tiempo se vuelva estorboso, pesado y tengas que pagar (caro) por deshacerte de él.
  8. Deseas con todas tus fuerzas desarrollar el poder de la levitación, sobre todo cuando vives en un tercer piso (sin elevador) y tienes que subir el garrafon del agua junto con toda la compra del super.
  9. No importa que tan amueblado, espacioso, bonito y estratégicamente bien ubicado este el lugar donde vives; no lo sentirás un hogar hasta que te instalen internet y dejes de colgarte de la red del vecino (si, ese que te veía en cueros).
  10. TE LA PASAS POCA MADRE y reafirmas que vivir solo es lo mejor que te pudo pasar en la vida. Te comes el mundo a puños y le demuestras que eres perfecta y absolutamente autosuficiente… hasta que llega el fin de semana y vas a la casa de tu mamá a lavar tu ropa.

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One thought on “10 cosas que te pasan cuando vives solo (pero que pocos te dicen)

  1. Punto uno, jamás me ha sucedido. Puede ser que se deba a que pertenezco a una generación que creció sin celulares. Prefiero salir a comer a que me traigan comida. Pero bueno, cualquier día puede ocurrir, yo no me cierro.

    Punto dos, tampoco me ha sucedido como lo cuentas. tal vez porque viviendo en mi casa y en casa de Ana Lilia tuve que realizar excursiones al “super” con la frecuencia y el fastidio correspondiente. Ahora me paseo por el “super” con total seguridad y compro lo necesario. A lo mejor te termina pasando lo mismo.

    Punto tres. Llevo trece años viviendo sola y aun no tengo refrigerador, ni falta que me hace. Tal vez más adelante, en el futuro, aunque no le veo mucho caso. Pero los “six” de cerveza si son huéspedes en mi improvisada alacena de vez en cuando, cuando se me antoja.

    Punto cuatro. Esa es la realidad de vivir solo. Hay que aprender muchas cosas o hacer muchas cosas que antes en tu casa no hacías porque había quien te las hiciera. Respecto a poner cortinas… Hasta el día de hoy uso sábanas y solo en mi cuarto porque la administradora llamó mi atención ante la queja del vecino de que, en efecto, me paseaba en “cueros”. Porque, cuando uno esta en su casa hace lo que le sale de las narices, ¿no? Para eso paga uno renta y es desinhibido, que caray -por lo menos en su casa que es su castillo, como diría cualquier inglés-.

    Punto cinco. Mis vecinos ya tenían cortinas cuando llegué al departamento. Eso sí, tomaba la precaución de mantenerlas cerradas para no ver los espectáculos que yo ofrecía. En la actualidad, el vecinito que tengo es mucho más relajado y le importa menos si ve más o menos carne de mi anatomía.

    Punto seis. Compruebas que haces el famoso “quehacer”, con o sin música, cuando te da la gana y del modo o manera que te da la gana. En lo particular, a mí, el “quehacer” no me quita el sueño, lo que significa que lo hago cuando me acomoda de la manera que me acomoda, sin tener a nadie que me esté dando la lata porque lavé o no cualquier parte de mi apartamento. Esto, solo esto, es lo que compensa cualquier posible sinsabor de vivir solo: la libertad de hacer tu regaladísima gana en el momento justo y preciso que te de esa regaladísima gana.

    Punto siete. No, yo no he comprado muchos muebles porque el espacio es pequeño y no me gusta sentirme ahogada entre tanta cosa, la verdad. Además, hay que limpiarla después y eso me quita tiempo que puedo dedicar a otras cosas mucho más interesantes. Tengo los muebles indispensables de plástico y de madera, la mayoría reciclados. Casi no tengo adornos y me siento muy bien así ya que la mayor parte del tiempo, sean fines de semana o vacaciones, me la paso del tingo al tango fuera de la casa porque adentro no se me hace mucho sentido estar si no es para dormir y convivir un rato con mis maulladoras criaturas peludas.

    Punto ocho. Vivo en un segundo piso de un edificio que no tiene ascensor, antes tenía que subir tres pisos para llegar a la azotea, también sin ascensor y no me quejo cuando subo mi carrito de la compra con la arena, la comida de los gatos, el agua… Es cierto, no es cómodo pero yo lo tomo como un ejercicio necesario y me quedo tan a gusto.

    Punto nueve. Tuve internet, lo quité por razones económicas, me colgué después de una red abierta hasta que ya no hubo internet en mi casa hace casi un año. Personalmente, me puede generar algún contratiempo pero, ¡se vive tan a gusto sin internet y sin televisión! Ahora duermo más, por ejemplo, y me siento un poco más descansada. Entiendo que, para una persona de tu generación, sea el internet un artículo de la canasta básica y no critico ese punto. Ahora puedo regular mejor mis tiempos en la red y a qué me dedico y a qué no dentro de ella. Puede ser incómodo vivir así pero yo me siento mucho más libre y creo que finalmente ese es el chiste.

    Punto diez. Una de las pocas cosas de las que me arrepentido en mi vida es precisamente no haber vivido sola a los veintiséis años cuando se me ofreció la oportunidad de hacerlo. Sé que en aquellos ayeres no estaba yo aun lo suficientemente preparada para hacerlo y el resultado fue que, simple y llanamente, no lo hice hasta los cuarenta y dos. Ahora no cambiaría la vida que llevo por ninguna otra aunque acepto la eventualidad de tener que regresar a vivir acompañada en algún momento de mi vida, si es que me alcanza la vida para cumplir más de ochenta años.

    Me gustó el “post”, muy en la tónica del humor necesario para afrontar lo que son los cambios. Espero que disfrutes mucho de tu libertad como lo he hecho yo en estos casi trece años para hacer de tú vida lo que deseas. Que tu libertad te sea propicia.

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